PARA UNA CONSTRUCCIÓN PARA LA PAZ
Qué sería la Paz hoy en día? ¿Se
puede construir la Paz? ¿Cómo?
Para responder estas preguntas inevitablemente
tendríamos que partir de preguntarnos porqué hoy más que nunca es una necesidad
ineludible para la sobrevivencia de la especie. Porqué la Paz hoy tendría que
ser diferente de lo que los griegos o la edad media o el renacimiento entendían
por ella. Cuál es esa violencia que hoy tenemos que superar, muy distinta a la
que existió en otros tiempos.
Sin querer ser exaustivos, podríamos
proponer para la discusión, algunos rasgos de estas sociedades actuales que
están generando o generarán estructuras conflictivas y violentas
inéditas.
Crisis de la familia patriarcal
o Cambios en la
economía
o Incorporación de la mujer al trabajo
o Pocos
cambios en la división sexual del trabajo
o Dificultad para armonizar
vida familiar y trabajo, especialmente para las mujeres
o Crisis de los
modelos basados en el autoritarismo para formar a las nuevas generaciones
o
Las familias se enfrentan solas a una sociedad compleja y
agresiva
Ruptura de los vínculos sociales
o La promoción y
exacerbación del individualismo: la ruptura de lo comunitario
o La
migración a las grandes ciudades y la anomia que provocan las concentraciones
urbanas: nadie conoce a nadie ni se trabaja por necesidades comunes
o
Pérdida de mecanismos de regulación social
o Fenómenos masivos de
movilidad humana en pos de mejores condiciones de vida o de huir de la tierra
natal que ha negado la posibilidad de sobrevivencia. Sociedades en tránsito y
trasnacionales, no ser de aquí ni de allá, pérdida de identidad y
pertenencia
Una sociedad de riesgos
o La pérdida (y muchas veces
la renuncia voluntaria) de la libertad a favor de la seguridad
o
Paradójicamente la pérdida de seguridades fundamentales: laborales, ideológicas,
religiosas
o Precarización del trabajo
o El riesgo deja de ser
asumido por los y las empresas y se transfiere a las personas
Una
sociedad de consumo
o La profundización de las desigualdades.
o
La presión al consumo: abismo entre lo que se nos propone como imagen de éxito
y reconocimiento social, y lo que podemos
o Discurso y práctica de la
competencia y la calidad total
o Se exige ser exitoso con un salario de
hambre y trabajos extenuantes
Con estos rasgos en mente, proponemos
empezar por tratar de comprender cuáles son los marcos y conceptos sobre la
violencia, la agresividad y los conflictos, para posteriormente plantearnos las
posibilidades que tenemos hoy para construir entornos no violentos y de
paz.
AGRESIVIDAD
Antes de abordar la violencia vale decir que uno los
principales pasos que ha dado la investigación para la paz es distinguir la
violencia de la agresividad y de los conflictos. Uno de los enfoques más
aceptados sobre todo por el paradigma de la paz positiva y vinculada a la
justicia social y los derechos humanos, reconoce que la agresividad como
sustantivo, (diferente a la agresión como verbo) es innata al ser humano,
mientras que la violencia es aprendida. Se define a la agresividad como aquella
fuerza que permite la propia afirmación y que puede vincularse a la asertividad,
la fuerza vital o el instinto de supervivencia. Esta fuerza vital es canalizada
y educada por los diferentes medios de socialización, como la familia, la
escuela, los medios de comunicación y el entorno social. La agresividad puede
canalizarse de formas diferentes: como fuerza para destruir (violencia) a los
seres humanos, y como fuerza constructiva
(noviolencia).
VIOLENCIA
La pobreza es la mayor
violencia.
Gandhi
Todos comprendemos algunas manifestaciones de la
violencia, la vemos a nuestro alrededor; seguramente la hemos vivido tanto como
víctimas ?objeto de la misma- o como victimarios ?sujetos de la violencia-.
Seguramente incluso la hemos evaluado o criticado en algún momento de nuestra
vida. Sin embargo, en muchas ocasiones es difícil definirla y saber discernir
cuando se trata de ella o no. Quizá esto se deba a que cada quien nos hemos
hecho una definición de violencia, dependiendo de nuestra propia idea del ser
humano, de nuestro contexto social, y de nuestras ideas sobre cómo funciona la
sociedad.
Para un cristiano la violencia será resultado del pecado original,
para un marxista, el resultado de la lucha de clases, para un psicoanalista, el
predominio del instinto de muerte, tanatos por encima del de vida, eros. La
definición tanto de la paz como de la violencia está en función de los patrones
personales, culturales, ideológicos o simbólicos que se le apliquen. Podríamos
decir que cada uno de nosotros tenemos un concepto de violencia y de paz
intuitivo y personal.
Sin embargo, tanto el concepto, como la construcción
práctica y concreta de la paz y de la violencia son procesos sociales,
colectivos y culturales. Por ejemplo, todos vemos la violencia en la vida
cotidiana (peleas, asesinatos, guerras, acoso, secuestro, detenciones
arbitrarias, estigmatización, etc). Intuitivamente la rechazamos, sin embargo, a
veces nos parece justificada o al menos comprensible, y la relativizamos según
las circunstancias, las intenciones y motivaciones que la produce. Lo
complicado de esto es que justamente la construcción de la justificación y
comprensión de la violencia, depende en mayor grado a un proceso cultural
colectivo, fácilmente manipulable. Pensemos por ejemplo en la estigmatización de
los jóvenes como anarquistas o vándalos que merecen la represión, o en la
estigmatización de los indígenas como sospechosos de delincuencia, etc.
Pensemos, ¿no usamos por ejemplo interpretaciones y explicaciones como estaba
loco, perdió el control, para qué le buscó si ella sabe cómo es él, se lo
merece, traía minifalda, ojo por ojo, el que a hierro mata a hierro muere, etc?
?En estas formas de hablar sobre la violencia juegan un papel decisivo las
emociones, las creencias, las actitudes y los valores individuales y colectivos
(sociales, culturales): la indignación, la rabia, el rencor, la culpa, la
venganza, el miedo; el sentimiento de superioridad o de inferioridad, de orgullo
herido, los estereotipos. Los modelos sociales y culturales de una comunidad
amplifican y petrifican estas formas de reaccionar ante la violencia para
justificar y naturalizar las formas de castigar, de prevenirse, e incluso de
estructurar y controlar la sociedad? .
Vemos así que lo que llamamos
violencia es una realidad muy compleja. La violencia puede ser: acciones,
emociones, pensamientos, ideas, creencias, actitudes, decisiones, palabras,
discurso, gestos, símbolos, estructuras sociales, normas, leyes, regímenes
políticos, etc. Sin embargo, es necesario distinguir lo que es violencia de lo
que no lo es, y para ello nos puede ayudar analizar tres de las aproximaciones
más importantes que los especialistas en el tema han utilizado para
definirla:
Aproximación valorativa o axiológica de la violencia
Una
primera aproximación al concepto, antes de entrar en las definiciones es la
valoración de las intenciones y las consecuencias de la violencia. Generalmente
en quien la sufre, la violencia es una realidad mala e ilegítima y en quien la
genera, activa o reactivamente, o incluso inconscientemente, es considerada como
buena, útil, legítima, conveniente o necesaria.
La guerra contra el
narcotráfico en México, por ejemplo, en la que aparentemente no tenemos nada que
ver, para algunos es acto necesario y legítimo, mientras para otros, es
totalmente inútil y condenable y es aquí donde el partido que pueda tomar tanto
agresor como agredido, es influenciado por la posición que toma la sociedad, que
produce formas simbólicas de actuación, es decir, dependiendo de los valores de
la sociedad, definirá quiénes son los culpables, cuál es el valor de la víctima,
qué tipo de castigo merece, a quiénes les es concedido el uso de la fuerza,
quiénes no tienen poder, etc.
Aproximación conductual de la violencia
Otra
de las formas de aproximarse al concepto es tratando de comprender las conductas
violentas como aquellas que causan daño, dolor y destrucción ya sea sobre las
personas, entre las personas, en las sociedades y en la cultura. Se entiende por
conductas, palabras y actos de comunicación verbal y no verbal. Algunos ejemplos
de conductas que causan daño sobre las realidades sociales serían los sistemas
económicos que propician la inequidad; los sistemas políticos dictatoriales, los
colonialismos, las conquistas, la pobreza estructural, el trabajo infantil, la
discriminación sexual, el terrorismo, el sexismo, o los feminicidios.
Algunos
expertos la llaman conducta deletérea y puede tener causas evolutivas, sociales,
históricas, psicológicas, racionales o irracionales, conscientes o
inconscientes, irreflexivas o premeditadas, etc. A su vez, estas conductas han
sido y pueden ser estudiadas dependiendo de sus características: su génesis, su
intencionalidad, su finalidad, su instrumentación, el nivel y tipo de afectación
en la víctima, sus efectos, etc.
Aproximación semántica de la
violencia
Relacionada con la aproximación conductual, la aproximación
semántica ayuda a comprender la violencia desde el lenguaje y los actos
comunicativos. Es decir, entender desde el lenguaje qué se nombra como
violencia en una cultura y contexto determinado. Desde esta aproximación para
que haya violencia debe haber previamente un acuerdo intersubjetivo para
reconocer que tal cosa es violencia para tal persona o grupo. Si no existiera
éste acuerdo entre las personas, no podríamos separar la violencia de lo que no
es violencia.
Estas tres aproximaciones nos ayudan a entender que en la
constitución de la violencia intervienen:
1. una percepción de conducta
violenta o deletérea
2. una vivencia cognitivo-emotiva de la conducta,
tanto en el agresor como en la víctima (odio, resentimiento, sentimiento de
venganza, culpa, remordimiento, etc.
3. un acto de valoración y
significación cultural, y socio-moral que es lo que determina que esa conducta
sea o no violenta, justa o injusta, justificable o no.
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