Programa Escuela Segura SEP 2013
Propuesta: “Conejos y
Conejeras” de PROAGRUPA y Colectivo Tomate
Mayo
2013
Impartido por
Carlos Camarillo Portela y Paola De La Concha y Donaji Tejeda
www.conejosyconejaras.blogspot.com.mx
Conejos y Conejeras es un
programa que se desarrolla dentro del programa Escuela Segura de la SEP, el
cual busca re-direccionar las perspectivas de acción sobre las comunidades
escolares focalizando los esfuerzos, no en los educandos, sino en los agentes
que interviene en sus esquemas valorativos y mecanismos de comportamiento
relacional: sus padres y sus maestros.
Introducción:
PARA UNA CONSTRUCCIÓN PARA LA PAZ
Qué sería la Paz hoy en día? ¿Se puede construir la Paz? ¿Cómo?
Para responder estas preguntas inevitablemente tendríamos que partir de preguntarnos porqué hoy más que nunca es una necesidad ineludible para la sobrevivencia de la especie. Porqué la Paz hoy tendría que ser diferente de lo que los griegos o la edad media o el renacimiento entendían por ella. Cuál es esa violencia que hoy tenemos que superar, muy distinta a la que existió en otros tiempos.
Sin querer ser exhaustivos, podríamos proponer para la discusión, algunos rasgos de estas sociedades actuales que están generando o generarán estructuras conflictivas y violentas inéditas.
Crisis de la familia patriarcal
1. Cambios en la economía
2. Incorporación de la mujer al trabajo
3. Pocos cambios en la división sexual del trabajo
4. Dificultad para armonizar vida familiar y trabajo, especialmente para las mujeres
5. Crisis de los modelos basados en el autoritarismo para formar a las nuevas generaciones
6. Las familias se enfrentan solas a una sociedad compleja y agresiva
Ruptura de los vínculos sociales
1. La promoción y exacerbación del individualismo: la ruptura de lo comunitario
2. La migración a las grandes ciudades y la anomia que provocan las concentraciones urbanas: nadie conoce a nadie ni se trabaja por necesidades comunes
3. Pérdida de mecanismos de regulación social
4. Fenómenos masivos de movilidad humana en pos de mejores condiciones de vida de huir de la tierra natal que ha negado la posibilidad de sobrevivencia. Sociedades en tránsito y trasnacionales, no ser de aquí ni de allá, pérdida de identidad y pertenencia
Una sociedad de riesgos
1. La pérdida (y muchas veces la renuncia voluntaria) de la libertad a favor de la seguridad
2. Paradójicamente la pérdida de seguridades fundamentales: laborales, ideológicas, religiosas
3. Precarización del trabajo
4. El riesgo deja de ser asumido por los y las empresas y se transfiere a las personas
Una sociedad de consumo
1. La profundización de las desigualdades.
2. La presión al consumo: abismo entre lo que se nos propone como imagen de éxito y reconocimiento social, y lo que podemos
3. Discurso y práctica de la competencia y la calidad total
4. Se exige ser exitoso con un salario de hambre y trabajos extenuantes
Con estos rasgos en mente, proponemos empezar por tratar de comprender cuáles son los marcos y conceptos sobre la violencia, la agresividad y los conflictos, para posteriormente plantearnos las posibilidades que tenemos hoy para construir entornos no violentos y de paz.
AGRESIVIDAD
Antes de abordar la violencia vale decir que uno los principales pasos que ha dado la investigación para la paz es distinguir la violencia de la agresividad y de los conflictos. Uno de los enfoques más aceptados sobre todo por el paradigma de la paz positiva y vinculada a la justicia social y los derechos humanos, reconoce que la agresividad como sustantivo, (diferente a la agresión como verbo) es innata al ser humano, mientras que la violencia es aprendida. Se define a la agresividad como aquella fuerza que permite la propia afirmación y que puede vincularse a la asertividad, la fuerza vital o el instinto de supervivencia. Esta fuerza vital es canalizada y educada por los diferentes medios de socialización, como la familia, la escuela, los medios de comunicación y el entorno social. La agresividad puede canalizarse de formas diferentes: como fuerza para destruir (violencia) a los seres humanos, y como fuerza constructiva (no-violencia).
VIOLENCIA
“La pobreza es la mayor violencia.”
Gandhi
Qué sería la Paz hoy en día? ¿Se puede construir la Paz? ¿Cómo?
Para responder estas preguntas inevitablemente tendríamos que partir de preguntarnos porqué hoy más que nunca es una necesidad ineludible para la sobrevivencia de la especie. Porqué la Paz hoy tendría que ser diferente de lo que los griegos o la edad media o el renacimiento entendían por ella. Cuál es esa violencia que hoy tenemos que superar, muy distinta a la que existió en otros tiempos.
Sin querer ser exhaustivos, podríamos proponer para la discusión, algunos rasgos de estas sociedades actuales que están generando o generarán estructuras conflictivas y violentas inéditas.
Crisis de la familia patriarcal
1. Cambios en la economía
2. Incorporación de la mujer al trabajo
3. Pocos cambios en la división sexual del trabajo
4. Dificultad para armonizar vida familiar y trabajo, especialmente para las mujeres
5. Crisis de los modelos basados en el autoritarismo para formar a las nuevas generaciones
6. Las familias se enfrentan solas a una sociedad compleja y agresiva
Ruptura de los vínculos sociales
1. La promoción y exacerbación del individualismo: la ruptura de lo comunitario
2. La migración a las grandes ciudades y la anomia que provocan las concentraciones urbanas: nadie conoce a nadie ni se trabaja por necesidades comunes
3. Pérdida de mecanismos de regulación social
4. Fenómenos masivos de movilidad humana en pos de mejores condiciones de vida de huir de la tierra natal que ha negado la posibilidad de sobrevivencia. Sociedades en tránsito y trasnacionales, no ser de aquí ni de allá, pérdida de identidad y pertenencia
Una sociedad de riesgos
1. La pérdida (y muchas veces la renuncia voluntaria) de la libertad a favor de la seguridad
2. Paradójicamente la pérdida de seguridades fundamentales: laborales, ideológicas, religiosas
3. Precarización del trabajo
4. El riesgo deja de ser asumido por los y las empresas y se transfiere a las personas
Una sociedad de consumo
1. La profundización de las desigualdades.
2. La presión al consumo: abismo entre lo que se nos propone como imagen de éxito y reconocimiento social, y lo que podemos
3. Discurso y práctica de la competencia y la calidad total
4. Se exige ser exitoso con un salario de hambre y trabajos extenuantes
Con estos rasgos en mente, proponemos empezar por tratar de comprender cuáles son los marcos y conceptos sobre la violencia, la agresividad y los conflictos, para posteriormente plantearnos las posibilidades que tenemos hoy para construir entornos no violentos y de paz.
AGRESIVIDAD
Antes de abordar la violencia vale decir que uno los principales pasos que ha dado la investigación para la paz es distinguir la violencia de la agresividad y de los conflictos. Uno de los enfoques más aceptados sobre todo por el paradigma de la paz positiva y vinculada a la justicia social y los derechos humanos, reconoce que la agresividad como sustantivo, (diferente a la agresión como verbo) es innata al ser humano, mientras que la violencia es aprendida. Se define a la agresividad como aquella fuerza que permite la propia afirmación y que puede vincularse a la asertividad, la fuerza vital o el instinto de supervivencia. Esta fuerza vital es canalizada y educada por los diferentes medios de socialización, como la familia, la escuela, los medios de comunicación y el entorno social. La agresividad puede canalizarse de formas diferentes: como fuerza para destruir (violencia) a los seres humanos, y como fuerza constructiva (no-violencia).
VIOLENCIA
“La pobreza es la mayor violencia.”
Gandhi
"La
violencia es la parte mala de la paz", Sara Martínez, 7 años
Todos comprendemos algunas manifestaciones de la violencia, la vemos a nuestro alrededor; seguramente la hemos vivido tanto como víctimas ?objeto de la misma- o como victimarios ?sujetos de la violencia-. Seguramente incluso la hemos evaluado o criticado en algún momento de nuestra vida. Sin embargo, en muchas ocasiones es difícil definirla y saber discernir cuando se trata de ella o no. Quizá esto se deba a que cada quien nos hemos hecho una definición de violencia, dependiendo de nuestra propia idea del ser humano, de nuestro contexto social, y de nuestras ideas sobre cómo funciona la sociedad.
Para un cristiano la violencia será resultado del pecado original, para un marxista, el resultado de la lucha de clases, para un psicoanalista, el predominio del instinto de muerte, tanatos por encima del de vida, eros. La definición tanto de la paz como de la violencia está en función de los patrones personales, culturales, ideológicos o simbólicos que se le apliquen. Podríamos decir que cada uno de nosotros tenemos un concepto de violencia y de paz intuitivo y personal.
Sin embargo, tanto el concepto, como la construcción práctica y concreta de la paz y de la violencia son procesos sociales, colectivos y culturales. Por ejemplo, todos vemos la violencia en la vida cotidiana (peleas, asesinatos, guerras, acoso, secuestro, detenciones arbitrarias, estigmatización, etc). Intuitivamente la rechazamos, sin embargo, a veces nos parece justificada o al menos comprensible, y la relativizamos según las circunstancias, las intenciones y motivaciones que la produce. Lo complicado de esto es que justamente la construcción de la justificación y comprensión de la violencia, depende en mayor grado a un proceso cultural colectivo, fácilmente manipulable. Pensemos por ejemplo en la estigmatización de los jóvenes como anarquistas o vándalos que merecen la represión, o en la estigmatización de los indígenas como sospechosos de delincuencia, etc. Pensemos, ¿no usamos por ejemplo interpretaciones y explicaciones como estaba loco, perdió el control, para qué le buscó si ella sabe cómo es él, se lo merece, traía minifalda, ojo por ojo, el que a hierro mata a hierro muere, etc? ?En estas formas de hablar sobre la violencia juegan un papel decisivo las emociones, las creencias, las actitudes y los valores individuales y colectivos (sociales, culturales): la indignación, la rabia, el rencor, la culpa, la venganza, el miedo; el sentimiento de superioridad o de inferioridad, de orgullo herido, los estereotipos. Los modelos sociales y culturales de una comunidad amplifican y petrifican estas formas de reaccionar ante la violencia para justificar y naturalizar las formas de castigar, de prevenirse, e incluso de estructurar y controlar la sociedad? .
Vemos así que lo que llamamos violencia es una realidad muy compleja. La violencia puede ser: acciones, emociones, pensamientos, ideas, creencias, actitudes, decisiones, palabras, discurso, gestos, símbolos, estructuras sociales, normas, leyes, regímenes políticos, etc. Sin embargo, es necesario distinguir lo que es violencia de lo que no lo es, y para ello nos puede ayudar analizar tres de las aproximaciones más importantes que los especialistas en el tema han utilizado para definirla:
Aproximación valorativa o axiológica de la violencia
Una primera aproximación al concepto, antes de entrar en las definiciones es la valoración de las intenciones y las consecuencias de la violencia. Generalmente en quien la sufre, la violencia es una realidad mala e ilegítima y en quien la genera, activa o reactivamente, o incluso inconscientemente, es considerada como buena, útil, legítima, conveniente o necesaria.
La guerra contra el narcotráfico en México, por ejemplo, en la que aparentemente no tenemos nada que ver, para algunos es acto necesario y legítimo, mientras para otros, es totalmente inútil y condenable y es aquí donde el partido que pueda tomar tanto agresor como agredido, es influenciado por la posición que toma la sociedad, que produce formas simbólicas de actuación, es decir, dependiendo de los valores de la sociedad, definirá quiénes son los culpables, cuál es el valor de la víctima, qué tipo de castigo merece, a quiénes les es concedido el uso de la fuerza, quiénes no tienen poder, etc.
Aproximación conductual de la violencia
Otra de las formas de aproximarse al concepto es tratando de comprender las conductas violentas como aquellas que causan daño, dolor y destrucción ya sea sobre las personas, entre las personas, en las sociedades y en la cultura. Se entiende por conductas, palabras y actos de comunicación verbal y no verbal. Algunos ejemplos de conductas que causan daño sobre las realidades sociales serían los sistemas económicos que propician la inequidad; los sistemas políticos dictatoriales, los colonialismos, las conquistas, la pobreza estructural, el trabajo infantil, la discriminación sexual, el terrorismo, el sexismo, o los feminicidios.
Algunos expertos la llaman conducta deletérea y puede tener causas evolutivas, sociales, históricas, psicológicas, racionales o irracionales, conscientes o inconscientes, irreflexivas o premeditadas, etc. A su vez, estas conductas han sido y pueden ser estudiadas dependiendo de sus características: su génesis, su intencionalidad, su finalidad, su instrumentación, el nivel y tipo de afectación en la víctima, sus efectos, etc.
Aproximación semántica de la violencia
Relacionada con la aproximación conductual, la aproximación semántica ayuda a comprender la violencia desde el lenguaje y los actos comunicativos. Es decir, entender desde el lenguaje qué se nombra como violencia en una cultura y contexto determinado. Desde esta aproximación para que haya violencia debe haber previamente un acuerdo intersubjetivo para reconocer que tal cosa es violencia para tal persona o grupo. Si no existiera éste acuerdo entre las personas, no podríamos separar la violencia de lo que no es violencia.
Estas tres aproximaciones nos ayudan a entender que en la constitución de la violencia intervienen:
1. Una percepción de conducta violenta o deletérea
2. Una vivencia cognitivo-emotiva de la conducta, tanto en el agresor como en la víctima (odio, resentimiento, sentimiento de venganza, culpa, remordimiento, etc.
3. un acto de valoración y significación cultural, y socio-moral que es lo que determina que esa conducta sea o no violenta, justa o injusta, justificable o no.
Todos comprendemos algunas manifestaciones de la violencia, la vemos a nuestro alrededor; seguramente la hemos vivido tanto como víctimas ?objeto de la misma- o como victimarios ?sujetos de la violencia-. Seguramente incluso la hemos evaluado o criticado en algún momento de nuestra vida. Sin embargo, en muchas ocasiones es difícil definirla y saber discernir cuando se trata de ella o no. Quizá esto se deba a que cada quien nos hemos hecho una definición de violencia, dependiendo de nuestra propia idea del ser humano, de nuestro contexto social, y de nuestras ideas sobre cómo funciona la sociedad.
Para un cristiano la violencia será resultado del pecado original, para un marxista, el resultado de la lucha de clases, para un psicoanalista, el predominio del instinto de muerte, tanatos por encima del de vida, eros. La definición tanto de la paz como de la violencia está en función de los patrones personales, culturales, ideológicos o simbólicos que se le apliquen. Podríamos decir que cada uno de nosotros tenemos un concepto de violencia y de paz intuitivo y personal.
Sin embargo, tanto el concepto, como la construcción práctica y concreta de la paz y de la violencia son procesos sociales, colectivos y culturales. Por ejemplo, todos vemos la violencia en la vida cotidiana (peleas, asesinatos, guerras, acoso, secuestro, detenciones arbitrarias, estigmatización, etc). Intuitivamente la rechazamos, sin embargo, a veces nos parece justificada o al menos comprensible, y la relativizamos según las circunstancias, las intenciones y motivaciones que la produce. Lo complicado de esto es que justamente la construcción de la justificación y comprensión de la violencia, depende en mayor grado a un proceso cultural colectivo, fácilmente manipulable. Pensemos por ejemplo en la estigmatización de los jóvenes como anarquistas o vándalos que merecen la represión, o en la estigmatización de los indígenas como sospechosos de delincuencia, etc. Pensemos, ¿no usamos por ejemplo interpretaciones y explicaciones como estaba loco, perdió el control, para qué le buscó si ella sabe cómo es él, se lo merece, traía minifalda, ojo por ojo, el que a hierro mata a hierro muere, etc? ?En estas formas de hablar sobre la violencia juegan un papel decisivo las emociones, las creencias, las actitudes y los valores individuales y colectivos (sociales, culturales): la indignación, la rabia, el rencor, la culpa, la venganza, el miedo; el sentimiento de superioridad o de inferioridad, de orgullo herido, los estereotipos. Los modelos sociales y culturales de una comunidad amplifican y petrifican estas formas de reaccionar ante la violencia para justificar y naturalizar las formas de castigar, de prevenirse, e incluso de estructurar y controlar la sociedad? .
Vemos así que lo que llamamos violencia es una realidad muy compleja. La violencia puede ser: acciones, emociones, pensamientos, ideas, creencias, actitudes, decisiones, palabras, discurso, gestos, símbolos, estructuras sociales, normas, leyes, regímenes políticos, etc. Sin embargo, es necesario distinguir lo que es violencia de lo que no lo es, y para ello nos puede ayudar analizar tres de las aproximaciones más importantes que los especialistas en el tema han utilizado para definirla:
Aproximación valorativa o axiológica de la violencia
Una primera aproximación al concepto, antes de entrar en las definiciones es la valoración de las intenciones y las consecuencias de la violencia. Generalmente en quien la sufre, la violencia es una realidad mala e ilegítima y en quien la genera, activa o reactivamente, o incluso inconscientemente, es considerada como buena, útil, legítima, conveniente o necesaria.
La guerra contra el narcotráfico en México, por ejemplo, en la que aparentemente no tenemos nada que ver, para algunos es acto necesario y legítimo, mientras para otros, es totalmente inútil y condenable y es aquí donde el partido que pueda tomar tanto agresor como agredido, es influenciado por la posición que toma la sociedad, que produce formas simbólicas de actuación, es decir, dependiendo de los valores de la sociedad, definirá quiénes son los culpables, cuál es el valor de la víctima, qué tipo de castigo merece, a quiénes les es concedido el uso de la fuerza, quiénes no tienen poder, etc.
Aproximación conductual de la violencia
Otra de las formas de aproximarse al concepto es tratando de comprender las conductas violentas como aquellas que causan daño, dolor y destrucción ya sea sobre las personas, entre las personas, en las sociedades y en la cultura. Se entiende por conductas, palabras y actos de comunicación verbal y no verbal. Algunos ejemplos de conductas que causan daño sobre las realidades sociales serían los sistemas económicos que propician la inequidad; los sistemas políticos dictatoriales, los colonialismos, las conquistas, la pobreza estructural, el trabajo infantil, la discriminación sexual, el terrorismo, el sexismo, o los feminicidios.
Algunos expertos la llaman conducta deletérea y puede tener causas evolutivas, sociales, históricas, psicológicas, racionales o irracionales, conscientes o inconscientes, irreflexivas o premeditadas, etc. A su vez, estas conductas han sido y pueden ser estudiadas dependiendo de sus características: su génesis, su intencionalidad, su finalidad, su instrumentación, el nivel y tipo de afectación en la víctima, sus efectos, etc.
Aproximación semántica de la violencia
Relacionada con la aproximación conductual, la aproximación semántica ayuda a comprender la violencia desde el lenguaje y los actos comunicativos. Es decir, entender desde el lenguaje qué se nombra como violencia en una cultura y contexto determinado. Desde esta aproximación para que haya violencia debe haber previamente un acuerdo intersubjetivo para reconocer que tal cosa es violencia para tal persona o grupo. Si no existiera éste acuerdo entre las personas, no podríamos separar la violencia de lo que no es violencia.
Estas tres aproximaciones nos ayudan a entender que en la constitución de la violencia intervienen:
1. Una percepción de conducta violenta o deletérea
2. Una vivencia cognitivo-emotiva de la conducta, tanto en el agresor como en la víctima (odio, resentimiento, sentimiento de venganza, culpa, remordimiento, etc.
3. un acto de valoración y significación cultural, y socio-moral que es lo que determina que esa conducta sea o no violenta, justa o injusta, justificable o no.
Conejos y Conejeras en acción:
El esquema de intervenciones que se planteo en esta primera
fase de trabajo dentro del programa “Escuela Segura”, estuvo encaminado a realizar
un diagnóstico sobre la percepción de la violencia
dentro de las comunidades escolares, comprendiendo al cuerpo docente, al
alumnado y a los familiares alrededor de los mismos. Dicho diagnóstico
proporcionará las bases necesarias para la creación y desarrollo de un programa
de intervención más profundo que ofrezca la posibilidad de generar acciones
transformadoras para la creación de ambientes escolares bajo un esquema de cultura de paz y buen trato.
La metodología de las Artes
de Participación permitió encuadrar las intervenciones dentro de dispositivos
lúdicos y de colaboración, donde se promovió la participación directa de los
asistentes para la construcción colectiva de los resultados de cada estudio
realizado. Esto indujo a cada grupo a tomar el protagonismo necesario para
hacer un ejercicio de reconocimiento de su realidad, así como de sus posibilidades de
transformarla desde sus propias capacidades.
Es así como nos posicionamos desde una perspectiva de
inclusión de lo que se podría denominar objeto de estudio, haciendo un lado las
concepciones positivistas que nos alejaban de las personas con las que
colaboramos para este diagnóstico; los elementos conceptuales y de contenido
con los que se propusieron las acciones realizadas llevaban en blanco varios de
sus parámetros con la intención de ser construidos dentro del proceso
desarrollado con la comunidad, dejando incluso la definición de violencia como el primer ejercicio
participativo de la comunidad desde el cual se concatenaban el resto de los
trabajos y dinámicas grupales.
El desarrollo de este programa preliminar se fue modificando
a razón de las conclusiones a las que el equipo llegó en las primeras
intervenciones, re-direccionando tanto
el objetivo como el foco de población propuestos en un inicio. Los esquemas
perceptuales de cada tipo de población dentro de la comunidad escolar
encausaron un modelo de intervención sobre los factores externos que se evidenciaron como factores de influencia determinante dentro del aula y los espacios
comunes dentro de las escuelas.
DESARROLLO DEL PROGRAMA
1.- POBLACIÓN DE ALUMNOS
Para esta población se estableció un modelo de intervención
que contenían dos momentos específicos de trabajo; un primer momento de
diagnóstico y un segundo momento de profundización.
Se iniciaban con juegos de integración para establecer un
espacio lúdico de participación, mientras se percibían los mecanismos
relacionales de los alumnos. A continuación se realizaba una sociometría en acción para establecer un
concepto de violencia así como el
grado en el que se percibía.
Posteriormente se realizaba una cartografía social donde los alumnos determinaban dentro de todos
los espacios geográficos que habitan (la casa, la escuela, la calle, lugares de
recreación, etc.) en cuales se sentían agredidos, amenazados o violentados. Los
mapas que se construyeron, además de funcionar como un DX sobre la percepción
de la violencia en dichos espacios, promovía la colaboración entre los alumnos,
y aunque se evidenciaron ciertas actitudes que podrían identificarse como
violentas o agresivas, en general se puede considerar que las características
de la actividad fueron aceptadas sin resistencia y marcaron un precedente de sana convivencia entre los alumnos.
El análisis de los mapas, que se realizaba en colaboración
con los alumnos, brindó una perspectiva menos estigmatizada de la escuela como
el lugar que se percibe más violento,
encontrando mayor percepción de violencia
en los espacios familiares o en la calle. También resultaba significativo que
la percepción de la violencia
aumentaba hasta que era nombrada como tal o cuando surgía el concepto de bullying,
el cual se tiene muy presente, distorsionando de manera relevante
los matices y fenómenos relacionales dentro del espacio escolar.
En su segundo momento se elaboraban las escenas que
correspondían a los espacios que el grupo determinaba como más violento, siendo
representadas teatralmente para jugar a transformarlas a través de la
participación directa de los alumnos.
Durante estos trabajos se tuvo la oportunidad de contar con
la presencia de los maestros que estaban a cargo de los grupos, incluyéndolos
dentro de los trabajos y ejercicios como si fueran un participante más. Esto
dio como resultado el surgimiento de demandas concretas sobre la necesidad de
que las maestras y maestros recibieran alguna capacitación para enfrentar de
manera activa las situaciones de violencia que ellos percibían dentro y fuera
de sus aulas, reconociendo su relación con las madres y padres de familia, el
punto más crítico y urgente donde se tendría que intervenir para crear
ambientes más pacíficos y colaborativos.
2.- POBLACIÓN DE MAESTROS
Después de varias sesiones con alumnos, se decidió responder
a la demanda de las profesoras y profesores, realizando sesiones de diagnóstico
también con ellos. Estas sesiones también estuvieron divididas en dos momentos:
un momento de análisis sociométrico
donde se exploraba la situación vincular entre las maestras y maestros que
conformaban el cuerpo docente de cada plantel. Así mismo se establecía un
concepto de violencia y las
situaciones escolares donde se evidenciaba. En un segundo momento, se
elaboraban escenas para reflexionar en acción sobre los factores que
intervienen en las situaciones consideradas como violentas a través de las
técnicas sociodramáticas.
Aunque se reconocieron momentos de violencia grave dentro de los espacios escolares generada por los
alumnos, hubo un consenso generalizado al establecer que la preocupación mayor
era la relación que se tenía con las madres y padres de familia, ya que esta
estaba determinada por un alto grado de agresión que restaba al profesorado
oportunidad para coordinar alguna estrategia conjunta para intervenir en la
convivencia con los alumnos. A esto se sumaba una percepción de falta de apoyo
de la institución para proveer de herramientas y mecanismos de acción para
enfrentar dichas problemáticas.
Finalmente se le presentaba al grupo de maestras y maestros
un boceto de mural realizado por una de las colaboradoras del equipo y que
concentraba las ideas, emociones y deseos compartidos durante la sesión, dando
oportunidad de validar el boceto a través de la transformación del mismo con
añadidos o correcciones.
3.- POBLACIÓN DE MADRES Y PADRES DE FAMILIA
Una vez reconocida la demanda de los maestros, se
propusieron sesiones con los familiares del alumnado. Dichas sesiones tuvieron
el mismo esquema de desarrollo que las de los maestros.
CONCLUSIONES
Después de un análisis de la información recabada en diferentes
registros (mapas, relatorías, fotografías y video) se llegaron a las siguientes
conclusiones:
-La percepción de la violencia no tiene correspondencia
entre los grupos que conforman la población escolar.
-La violencia dentro de la escuela sólo se estigmatiza y se
revela como importante, cuando se encuadra dentro del mismo concepto de
violencia o dentro del concepto debullying.
-Los conceptos de violencia
y bullyingno concentran de manera eficaz la problemática relacional de los
actores que conviven dentro de las escuelas.
-Los situaciones conflictivas o problemáticas identificadas
dentro de la escuela por los alumnos, están definidos por los esquemas de
comportamiento establecidos en otros espacios como la casa, la calle o los
lugares externos de recreación.
-La población más afectada por el ambiente escolar son el
cuerpo docente de cada plantel.
Es por todo lo anterior que definimos la problemática
escolar como un problema de espacios de reconocimiento y comunicación asertiva
entre los familiares de los alumnos y los maestros, por lo que determinamos que
los trabajo futuros estén enfocados en trabajar con estas poblaciones
propiciando trabajos de encuentro y corresponsabilidad para el establecimiento
de mecanismos colaborativos que generen los ambientes necesarios par que el
alumnado desarrolle nuevas formas de convivencia que se definan dentro de una cultura de paz que lleve a cada
comunidad a encontrar su propio protagonismo en la transformación de su
realidad.
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