Partimos de reconocer la propia sabiduría de los niños.
Conejos y Conejeras: Nuestro espacio de encuentro, de abrazos, y de participación
Artes de participación para comunidades escolares
martes, 21 de mayo de 2013
jueves, 18 de abril de 2013
Nuestro proposito, nuestra madriguera.
Conejos y conejeras es un programa que se desarrolla dentro del programa Escuela Segura de la SEP, el cual busca re-direccionar las perspectivas de acción sobre las comunidades escolares focalizando los esfuerzos, no en los educandos, sino en los agentes que interviene en sus esquemas valorativos y mecanismos de comportamiento relacional: sus padres y sus maestros.
PARA UNA CONSTRUCCIÓN PARA LA PAZ
Qué sería la Paz hoy en día? ¿Se puede construir la Paz? ¿Cómo?
Para responder estas preguntas inevitablemente tendríamos que partir de preguntarnos porqué hoy más que nunca es una necesidad ineludible para la sobrevivencia de la especie. Porqué la Paz hoy tendría que ser diferente de lo que los griegos o la edad media o el renacimiento entendían por ella. Cuál es esa violencia que hoy tenemos que superar, muy distinta a la que existió en otros tiempos.
Sin querer ser exaustivos, podríamos proponer para la discusión, algunos rasgos de estas sociedades actuales que están generando o generarán estructuras conflictivas y violentas inéditas.
Crisis de la familia patriarcal
o Cambios en la economía
o Incorporación de la mujer al trabajo
o Pocos cambios en la división sexual del trabajo
o Dificultad para armonizar vida familiar y trabajo, especialmente para las mujeres
o Crisis de los modelos basados en el autoritarismo para formar a las nuevas generaciones
o Las familias se enfrentan solas a una sociedad compleja y agresiva
Ruptura de los vínculos sociales
o La promoción y exacerbación del individualismo: la ruptura de lo comunitario
o La migración a las grandes ciudades y la anomia que provocan las concentraciones urbanas: nadie conoce a nadie ni se trabaja por necesidades comunes
o Pérdida de mecanismos de regulación social
o Fenómenos masivos de movilidad humana en pos de mejores condiciones de vida o de huir de la tierra natal que ha negado la posibilidad de sobrevivencia. Sociedades en tránsito y trasnacionales, no ser de aquí ni de allá, pérdida de identidad y pertenencia
Una sociedad de riesgos
o La pérdida (y muchas veces la renuncia voluntaria) de la libertad a favor de la seguridad
o Paradójicamente la pérdida de seguridades fundamentales: laborales, ideológicas, religiosas
o Precarización del trabajo
o El riesgo deja de ser asumido por los y las empresas y se transfiere a las personas
Una sociedad de consumo
o La profundización de las desigualdades.
o La presión al consumo: abismo entre lo que se nos propone como imagen de éxito y reconocimiento social, y lo que podemos
o Discurso y práctica de la competencia y la calidad total
o Se exige ser exitoso con un salario de hambre y trabajos extenuantes
Con estos rasgos en mente, proponemos empezar por tratar de comprender cuáles son los marcos y conceptos sobre la violencia, la agresividad y los conflictos, para posteriormente plantearnos las posibilidades que tenemos hoy para construir entornos no violentos y de paz.
AGRESIVIDAD
Antes de abordar la violencia vale decir que uno los principales pasos que ha dado la investigación para la paz es distinguir la violencia de la agresividad y de los conflictos. Uno de los enfoques más aceptados sobre todo por el paradigma de la paz positiva y vinculada a la justicia social y los derechos humanos, reconoce que la agresividad como sustantivo, (diferente a la agresión como verbo) es innata al ser humano, mientras que la violencia es aprendida. Se define a la agresividad como aquella fuerza que permite la propia afirmación y que puede vincularse a la asertividad, la fuerza vital o el instinto de supervivencia. Esta fuerza vital es canalizada y educada por los diferentes medios de socialización, como la familia, la escuela, los medios de comunicación y el entorno social. La agresividad puede canalizarse de formas diferentes: como fuerza para destruir (violencia) a los seres humanos, y como fuerza constructiva (noviolencia).
VIOLENCIA
La pobreza es la mayor violencia.
Gandhi
Todos comprendemos algunas manifestaciones de la violencia, la vemos a nuestro alrededor; seguramente la hemos vivido tanto como víctimas ?objeto de la misma- o como victimarios ?sujetos de la violencia-. Seguramente incluso la hemos evaluado o criticado en algún momento de nuestra vida. Sin embargo, en muchas ocasiones es difícil definirla y saber discernir cuando se trata de ella o no. Quizá esto se deba a que cada quien nos hemos hecho una definición de violencia, dependiendo de nuestra propia idea del ser humano, de nuestro contexto social, y de nuestras ideas sobre cómo funciona la sociedad.
Para un cristiano la violencia será resultado del pecado original, para un marxista, el resultado de la lucha de clases, para un psicoanalista, el predominio del instinto de muerte, tanatos por encima del de vida, eros. La definición tanto de la paz como de la violencia está en función de los patrones personales, culturales, ideológicos o simbólicos que se le apliquen. Podríamos decir que cada uno de nosotros tenemos un concepto de violencia y de paz intuitivo y personal.
Sin embargo, tanto el concepto, como la construcción práctica y concreta de la paz y de la violencia son procesos sociales, colectivos y culturales. Por ejemplo, todos vemos la violencia en la vida cotidiana (peleas, asesinatos, guerras, acoso, secuestro, detenciones arbitrarias, estigmatización, etc). Intuitivamente la rechazamos, sin embargo, a veces nos parece justificada o al menos comprensible, y la relativizamos según las circunstancias, las intenciones y motivaciones que la produce. Lo complicado de esto es que justamente la construcción de la justificación y comprensión de la violencia, depende en mayor grado a un proceso cultural colectivo, fácilmente manipulable. Pensemos por ejemplo en la estigmatización de los jóvenes como anarquistas o vándalos que merecen la represión, o en la estigmatización de los indígenas como sospechosos de delincuencia, etc. Pensemos, ¿no usamos por ejemplo interpretaciones y explicaciones como estaba loco, perdió el control, para qué le buscó si ella sabe cómo es él, se lo merece, traía minifalda, ojo por ojo, el que a hierro mata a hierro muere, etc? ?En estas formas de hablar sobre la violencia juegan un papel decisivo las emociones, las creencias, las actitudes y los valores individuales y colectivos (sociales, culturales): la indignación, la rabia, el rencor, la culpa, la venganza, el miedo; el sentimiento de superioridad o de inferioridad, de orgullo herido, los estereotipos. Los modelos sociales y culturales de una comunidad amplifican y petrifican estas formas de reaccionar ante la violencia para justificar y naturalizar las formas de castigar, de prevenirse, e incluso de estructurar y controlar la sociedad? .
Vemos así que lo que llamamos violencia es una realidad muy compleja. La violencia puede ser: acciones, emociones, pensamientos, ideas, creencias, actitudes, decisiones, palabras, discurso, gestos, símbolos, estructuras sociales, normas, leyes, regímenes políticos, etc. Sin embargo, es necesario distinguir lo que es violencia de lo que no lo es, y para ello nos puede ayudar analizar tres de las aproximaciones más importantes que los especialistas en el tema han utilizado para definirla:
Aproximación valorativa o axiológica de la violencia
Una primera aproximación al concepto, antes de entrar en las definiciones es la valoración de las intenciones y las consecuencias de la violencia. Generalmente en quien la sufre, la violencia es una realidad mala e ilegítima y en quien la genera, activa o reactivamente, o incluso inconscientemente, es considerada como buena, útil, legítima, conveniente o necesaria.
La guerra contra el narcotráfico en México, por ejemplo, en la que aparentemente no tenemos nada que ver, para algunos es acto necesario y legítimo, mientras para otros, es totalmente inútil y condenable y es aquí donde el partido que pueda tomar tanto agresor como agredido, es influenciado por la posición que toma la sociedad, que produce formas simbólicas de actuación, es decir, dependiendo de los valores de la sociedad, definirá quiénes son los culpables, cuál es el valor de la víctima, qué tipo de castigo merece, a quiénes les es concedido el uso de la fuerza, quiénes no tienen poder, etc.
Aproximación conductual de la violencia
Otra de las formas de aproximarse al concepto es tratando de comprender las conductas violentas como aquellas que causan daño, dolor y destrucción ya sea sobre las personas, entre las personas, en las sociedades y en la cultura. Se entiende por conductas, palabras y actos de comunicación verbal y no verbal. Algunos ejemplos de conductas que causan daño sobre las realidades sociales serían los sistemas económicos que propician la inequidad; los sistemas políticos dictatoriales, los colonialismos, las conquistas, la pobreza estructural, el trabajo infantil, la discriminación sexual, el terrorismo, el sexismo, o los feminicidios.
Algunos expertos la llaman conducta deletérea y puede tener causas evolutivas, sociales, históricas, psicológicas, racionales o irracionales, conscientes o inconscientes, irreflexivas o premeditadas, etc. A su vez, estas conductas han sido y pueden ser estudiadas dependiendo de sus características: su génesis, su intencionalidad, su finalidad, su instrumentación, el nivel y tipo de afectación en la víctima, sus efectos, etc.
Aproximación semántica de la violencia
Relacionada con la aproximación conductual, la aproximación semántica ayuda a comprender la violencia desde el lenguaje y los actos comunicativos. Es decir, entender desde el lenguaje qué se nombra como violencia en una cultura y contexto determinado. Desde esta aproximación para que haya violencia debe haber previamente un acuerdo intersubjetivo para reconocer que tal cosa es violencia para tal persona o grupo. Si no existiera éste acuerdo entre las personas, no podríamos separar la violencia de lo que no es violencia.
Estas tres aproximaciones nos ayudan a entender que en la constitución de la violencia intervienen:
1. una percepción de conducta violenta o deletérea
2. una vivencia cognitivo-emotiva de la conducta, tanto en el agresor como en la víctima (odio, resentimiento, sentimiento de venganza, culpa, remordimiento, etc.
3. un acto de valoración y significación cultural, y socio-moral que es lo que determina que esa conducta sea o no violenta, justa o injusta, justificable o no.
Qué sería la Paz hoy en día? ¿Se puede construir la Paz? ¿Cómo?
Para responder estas preguntas inevitablemente tendríamos que partir de preguntarnos porqué hoy más que nunca es una necesidad ineludible para la sobrevivencia de la especie. Porqué la Paz hoy tendría que ser diferente de lo que los griegos o la edad media o el renacimiento entendían por ella. Cuál es esa violencia que hoy tenemos que superar, muy distinta a la que existió en otros tiempos.
Sin querer ser exaustivos, podríamos proponer para la discusión, algunos rasgos de estas sociedades actuales que están generando o generarán estructuras conflictivas y violentas inéditas.
Crisis de la familia patriarcal
o Cambios en la economía
o Incorporación de la mujer al trabajo
o Pocos cambios en la división sexual del trabajo
o Dificultad para armonizar vida familiar y trabajo, especialmente para las mujeres
o Crisis de los modelos basados en el autoritarismo para formar a las nuevas generaciones
o Las familias se enfrentan solas a una sociedad compleja y agresiva
Ruptura de los vínculos sociales
o La promoción y exacerbación del individualismo: la ruptura de lo comunitario
o La migración a las grandes ciudades y la anomia que provocan las concentraciones urbanas: nadie conoce a nadie ni se trabaja por necesidades comunes
o Pérdida de mecanismos de regulación social
o Fenómenos masivos de movilidad humana en pos de mejores condiciones de vida o de huir de la tierra natal que ha negado la posibilidad de sobrevivencia. Sociedades en tránsito y trasnacionales, no ser de aquí ni de allá, pérdida de identidad y pertenencia
Una sociedad de riesgos
o La pérdida (y muchas veces la renuncia voluntaria) de la libertad a favor de la seguridad
o Paradójicamente la pérdida de seguridades fundamentales: laborales, ideológicas, religiosas
o Precarización del trabajo
o El riesgo deja de ser asumido por los y las empresas y se transfiere a las personas
Una sociedad de consumo
o La profundización de las desigualdades.
o La presión al consumo: abismo entre lo que se nos propone como imagen de éxito y reconocimiento social, y lo que podemos
o Discurso y práctica de la competencia y la calidad total
o Se exige ser exitoso con un salario de hambre y trabajos extenuantes
Con estos rasgos en mente, proponemos empezar por tratar de comprender cuáles son los marcos y conceptos sobre la violencia, la agresividad y los conflictos, para posteriormente plantearnos las posibilidades que tenemos hoy para construir entornos no violentos y de paz.
AGRESIVIDAD
Antes de abordar la violencia vale decir que uno los principales pasos que ha dado la investigación para la paz es distinguir la violencia de la agresividad y de los conflictos. Uno de los enfoques más aceptados sobre todo por el paradigma de la paz positiva y vinculada a la justicia social y los derechos humanos, reconoce que la agresividad como sustantivo, (diferente a la agresión como verbo) es innata al ser humano, mientras que la violencia es aprendida. Se define a la agresividad como aquella fuerza que permite la propia afirmación y que puede vincularse a la asertividad, la fuerza vital o el instinto de supervivencia. Esta fuerza vital es canalizada y educada por los diferentes medios de socialización, como la familia, la escuela, los medios de comunicación y el entorno social. La agresividad puede canalizarse de formas diferentes: como fuerza para destruir (violencia) a los seres humanos, y como fuerza constructiva (noviolencia).
VIOLENCIA
La pobreza es la mayor violencia.
Gandhi
Todos comprendemos algunas manifestaciones de la violencia, la vemos a nuestro alrededor; seguramente la hemos vivido tanto como víctimas ?objeto de la misma- o como victimarios ?sujetos de la violencia-. Seguramente incluso la hemos evaluado o criticado en algún momento de nuestra vida. Sin embargo, en muchas ocasiones es difícil definirla y saber discernir cuando se trata de ella o no. Quizá esto se deba a que cada quien nos hemos hecho una definición de violencia, dependiendo de nuestra propia idea del ser humano, de nuestro contexto social, y de nuestras ideas sobre cómo funciona la sociedad.
Para un cristiano la violencia será resultado del pecado original, para un marxista, el resultado de la lucha de clases, para un psicoanalista, el predominio del instinto de muerte, tanatos por encima del de vida, eros. La definición tanto de la paz como de la violencia está en función de los patrones personales, culturales, ideológicos o simbólicos que se le apliquen. Podríamos decir que cada uno de nosotros tenemos un concepto de violencia y de paz intuitivo y personal.
Sin embargo, tanto el concepto, como la construcción práctica y concreta de la paz y de la violencia son procesos sociales, colectivos y culturales. Por ejemplo, todos vemos la violencia en la vida cotidiana (peleas, asesinatos, guerras, acoso, secuestro, detenciones arbitrarias, estigmatización, etc). Intuitivamente la rechazamos, sin embargo, a veces nos parece justificada o al menos comprensible, y la relativizamos según las circunstancias, las intenciones y motivaciones que la produce. Lo complicado de esto es que justamente la construcción de la justificación y comprensión de la violencia, depende en mayor grado a un proceso cultural colectivo, fácilmente manipulable. Pensemos por ejemplo en la estigmatización de los jóvenes como anarquistas o vándalos que merecen la represión, o en la estigmatización de los indígenas como sospechosos de delincuencia, etc. Pensemos, ¿no usamos por ejemplo interpretaciones y explicaciones como estaba loco, perdió el control, para qué le buscó si ella sabe cómo es él, se lo merece, traía minifalda, ojo por ojo, el que a hierro mata a hierro muere, etc? ?En estas formas de hablar sobre la violencia juegan un papel decisivo las emociones, las creencias, las actitudes y los valores individuales y colectivos (sociales, culturales): la indignación, la rabia, el rencor, la culpa, la venganza, el miedo; el sentimiento de superioridad o de inferioridad, de orgullo herido, los estereotipos. Los modelos sociales y culturales de una comunidad amplifican y petrifican estas formas de reaccionar ante la violencia para justificar y naturalizar las formas de castigar, de prevenirse, e incluso de estructurar y controlar la sociedad? .
Vemos así que lo que llamamos violencia es una realidad muy compleja. La violencia puede ser: acciones, emociones, pensamientos, ideas, creencias, actitudes, decisiones, palabras, discurso, gestos, símbolos, estructuras sociales, normas, leyes, regímenes políticos, etc. Sin embargo, es necesario distinguir lo que es violencia de lo que no lo es, y para ello nos puede ayudar analizar tres de las aproximaciones más importantes que los especialistas en el tema han utilizado para definirla:
Aproximación valorativa o axiológica de la violencia
Una primera aproximación al concepto, antes de entrar en las definiciones es la valoración de las intenciones y las consecuencias de la violencia. Generalmente en quien la sufre, la violencia es una realidad mala e ilegítima y en quien la genera, activa o reactivamente, o incluso inconscientemente, es considerada como buena, útil, legítima, conveniente o necesaria.
La guerra contra el narcotráfico en México, por ejemplo, en la que aparentemente no tenemos nada que ver, para algunos es acto necesario y legítimo, mientras para otros, es totalmente inútil y condenable y es aquí donde el partido que pueda tomar tanto agresor como agredido, es influenciado por la posición que toma la sociedad, que produce formas simbólicas de actuación, es decir, dependiendo de los valores de la sociedad, definirá quiénes son los culpables, cuál es el valor de la víctima, qué tipo de castigo merece, a quiénes les es concedido el uso de la fuerza, quiénes no tienen poder, etc.
Aproximación conductual de la violencia
Otra de las formas de aproximarse al concepto es tratando de comprender las conductas violentas como aquellas que causan daño, dolor y destrucción ya sea sobre las personas, entre las personas, en las sociedades y en la cultura. Se entiende por conductas, palabras y actos de comunicación verbal y no verbal. Algunos ejemplos de conductas que causan daño sobre las realidades sociales serían los sistemas económicos que propician la inequidad; los sistemas políticos dictatoriales, los colonialismos, las conquistas, la pobreza estructural, el trabajo infantil, la discriminación sexual, el terrorismo, el sexismo, o los feminicidios.
Algunos expertos la llaman conducta deletérea y puede tener causas evolutivas, sociales, históricas, psicológicas, racionales o irracionales, conscientes o inconscientes, irreflexivas o premeditadas, etc. A su vez, estas conductas han sido y pueden ser estudiadas dependiendo de sus características: su génesis, su intencionalidad, su finalidad, su instrumentación, el nivel y tipo de afectación en la víctima, sus efectos, etc.
Aproximación semántica de la violencia
Relacionada con la aproximación conductual, la aproximación semántica ayuda a comprender la violencia desde el lenguaje y los actos comunicativos. Es decir, entender desde el lenguaje qué se nombra como violencia en una cultura y contexto determinado. Desde esta aproximación para que haya violencia debe haber previamente un acuerdo intersubjetivo para reconocer que tal cosa es violencia para tal persona o grupo. Si no existiera éste acuerdo entre las personas, no podríamos separar la violencia de lo que no es violencia.
Estas tres aproximaciones nos ayudan a entender que en la constitución de la violencia intervienen:
1. una percepción de conducta violenta o deletérea
2. una vivencia cognitivo-emotiva de la conducta, tanto en el agresor como en la víctima (odio, resentimiento, sentimiento de venganza, culpa, remordimiento, etc.
3. un acto de valoración y significación cultural, y socio-moral que es lo que determina que esa conducta sea o no violenta, justa o injusta, justificable o no.
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